domingo, 21 de agosto de 2016

TORMENTAS


Era media tarde, estaba de vacaciones, el cielo estaba nublado y eso espantaba a los turistas, y si encima caían unas gotas estos desaparecían como por arte de magia, y eso me gustaba. Me puse una chaqueta fina y me fui hasta la playa, me sentía como el día,triste, gris, me senté junto a la orilla, viendo como las nubes lloraban sobre el mar al tiempo que yo lo hacía. Me mojaba pero no me importaba era agradable, la camisa blanca se iba pegando a mi cuerpo mientras mi mirada se perdía en el horizonte, allí donde el azul de ese mar que me recordaba tanto a sus ojos se perdía junto al gris de ese cielo enfadado.





Me asusté al escuchar justo detrás a alguien silbando una melodía, me acarició el pelo mientras se sentaba a mi lado, pasó su mano por mi hombro y lentamente me recostó sobre el suyo, rodeándome con sus brazos, tan siquiera nos miramos, sabía que era él porque conocía bien su olor a limón, sólo me abrazó y me dijo “estás temblando, tranquila pequeña estoy aquí”, me apreté contra él, y así acurrucados mirando el mar, dejamos que el tiempo pasara, y que los corazones se pausaran.  No hubo palabras, sus manos acariciaban mi espalda,  yo no pude evitarlo, retiré mi cabeza de su hombro y me acerqué a él, nuestros ojos se encontraban por primera vez, se miraban, esa mirada contenía muchas emociones, cariño, felicidad, ternura……. pero también dolor, decepción, desencanto, mis labios se acercaron a los suyos para beberse su tristeza, no sabía si correspondería pero tenía que hacerlo, se posaron dulcemente sobre los suyos, y él lo aceptó. Poco a poco fuimos eliminando esa barrera que desde hace días habíamos levantado. Mis ojos se cerraban pero los suyos seguían abiertos como queriendo grabar cada instante en su retina, siempre me sorprendió que hiciese hincapié en que no los cerraba.

El beso era profundo, lento, como si nuestras lenguas se estuviesen perdonando, como si se hubiesen esperado toda la vida, sus manos me desabrochaban los botones dejándome desnuda.

Me recostó lentamente sobre la arena, se quitó la ropa, y sin dejar de mirarme se recostó a mi lado, acariciaba mi cara con sus dedos, mientras los míos acariciaban su pecho, besó dulcemente mi mejilla, después mi frente, después mi nariz mientras sonreía, no había palabras, no las necesitábamos, las palabras nos habían herido era mejor prescindir de ellas porque no las necesitábamos.





Besó mis labios, pero esta vez la temperatura del beso comenzó a cambiar, abandonó los grises, y todo se tornó de un color más cálido, sus manos acariciaban mi cuerpo, su lengua descendió por mi cuello, jugo con mis pezones y resbaló hasta mi ombligo, para volver a subir por el mismo camino. Se puso sobre mí, y balanceándose hacía rozar su miembro erecto contra mi sexo, su boca atrapaba los pequeños gemidos que salían de mi boca mientras mis dedos acariciaban su espalda.

Se levantó, tomó mi mano y sin soltarme fuimos adentrándonos en el mar, hasta que el agua cubría hasta mitad del torso, y allí sus manos levantaron mi cuerpo, con las manos  bajo mis glúteos acercó despacio la entrada de mi sexo hasta el suyo y lentamente fue dejando de sujetar mi cuerpo para dejarle hundirse, las bocas se buscaban mientras entraba poco a poco, nuestros ojos no se separaban ni un instante, sólo se escuchaban las olas del mar, el vaiven de éste nos hacía movernos, sintiendo el roce de todo su sexo, su manos me levantaban y me sentaban haciendo que su sexo entrase y saliese del mío, rodee con mis piernas su cintura y sentí una penetración profunda, en ese momento éramos uno, nos acunábamos con el ritmo del mar, mientras nuestros labios se acariciaban tiernamente, nos abrazamos y sus manos me indicaron el ritmo que debía seguir, sentía su respiración en mi oído, y su aliento en mi cuello, que cada vez era más acelerado, me miró, y me besó el beso más intenso que jamás había sentido, y en ese instante nuestros cuerpos se sacudieron al unísono sintiendo una ola, esta vez de placer. Sentía su calor dentro de mí, separamos los labios y al mirarnos vimos q a cada uno de nosotros las lágrimas nos corrían por las mejillas,lágrimas que él retiro dulcemente con su dedo y que yo recogí con mi lengua. Sonreímos y mis labios volvieron a  atrapar dulcemente los suyos.





Los gritos de un grupo de jóvenes que venían a la playa a hacer botellón me devolvió a  la realidad, era de noche y estaba sola en la playa, con la camisa empapada y el pelo mojado, no me sentí triste al descubrir que él no estaba, sé que había estado allí, tenía esa capacidad de presentarse a mi lado cuando soñaba despierta, sabía que había sido él.

Me fui a dormir y al amanecer me di cuenta de que por primera vez esa noche no me había visitado en sueños, en ese momento entendí todo, entendí sus lágrimas al hacerme el amor, entendí el silencio porque no soportaríamos las palabras de un adios, había venido sólo para despedirse, le había perdido para siempre, y es que a veces amarse no es suficiente.

http://youtu.be/qdzbjUWu2VU





sábado, 25 de junio de 2016

APASIONANTE VUELO



Entré en la sala con dos cervezas en la mano, estaba en penumbra, solo una lámpara sobre el mismo viejo escritorio  en el que reposaba una máquina de escribir, él estaba sentado de mala manera sobre la silla, más que sentado tirado sobre ella, como un adolescente al que su madre insistiría en que corrigiese la postura, estaba sentado de espaldas a la puerta, pero de frente a un ventanal que le permitía ver el mar, miraba al horizonte, y aunque no lo veía sabía que estaba fumando porque el rastro del humo le envolvía. Su mano se estiró con desgana para para dejar el cigarrillo sobre el cenicero de metal que reposaba en un lateral de la mesa, su torso estaba desnudo y sus piernas también, sus manos se posaron sobre las teclas, que con un compás lento pero firme empezaban a formar una melodía, yo observaba con una sonrisa, mientras mi corazón se acompasaba a ese ritmo, no debía interrumpirlo sería un sacrilegio, verlo en ese estado ya era un placer en sí mismo, así que  me limité a disfrutar de ese momento.
 Giró su cabeza y me miró: “Ey Palomita que haces ahí, pasa”, “solo observaba, no quería molestar”, “no molestas ven”, me acerqué y dejé las cervezas sobre el escritorio, fue a levantarse pero le pedí que no lo hiciera, agarró mi mano y me miró, nos habíamos agarrado de la manos muchas veces aunque no fuera físicamente, asique no era nuevo, pero como en esas otras veces un escalofrió recorrió mi cuerpo.
“Tengo una idea” le dije, “dispara pequeña”, puse una voz grave y dije “comandante me gustaría hacerle una entrevista, tendría unos minutos para concedérmelos” me miró extrañado, por un segundo sentí miedo, yo estaba loca como se me ocurría decir eso? sabía q lo odiaba, lo había visto, las preguntas que le hacían eran absurdas, como si les diesen igual las respuestas, al verlas me dio rabia, porque nadie se paraba a escuchar todo lo que tenía que decir, eso no importaba, y al verlas pensé que yo le habría hecho otras preguntas, tras ese segundo de silencio se carcajeo. “Claro será divertido” me dijo, me senté a su lado, cogí el cigarro que el fumaba y le di una calada mientras él abría las cervezas, le di una calada larga intensa, necesitaba tiempo porque en realidad no tenía ninguna pregunta que hacerle, nunca me gustó preguntar, siempre preferí esperar a que cada uno contase lo que quisiese. “Sr lucky porque frunce siempre el ceño en las fotos?? Es la manera de parecer un tío duro??” dije a la vez q reía jajajaja esa podría ser alguna de las ridículas preguntas que le hacían. Levanté mi cerveza “chin chin por los tíos que se ven obligados a parecer duros” y con una gran sonrisa la chocó con la mía, “en realidad no hay más preguntas, creo que ninguna que pudiese hacerte estaría a la altura de este momento, sólo dime algo, eres consciente de la magia que desprendes tú y todo lo que haces?? Podrías seguir escribiendo??” fue a decir algo, solo acertó a sonar un “pero…” y mi dedo se posó en sus labios, shhhh le mostré mi brazo con el bello erizado, “por favor lucky, sigue, sigue escribiendo” agarró mi dedo con su mano, lo besó y sus manos regresaron a las teclas, yo cerré los ojos y simplemente me dejé llevar, me movía bailando la melodía que él estaba tocando, y entonces entendió a que me estaba refiriendo. Mis ojos permanecían cerrados, no sé si me miraba o si había vuelto a su mundo a escribir, pero en realidad no importaba.
Se hizo el silencio pero no importó yo seguía escuchando la música, abrí los ojos y me encontré con los suyos, su cuerpo también bailaba. Me incorporé y le ofrecí mi mano, hizo un gesto encogiéndose de hombros y señalando su cuerpo, no fue hasta ese momento que me percaté de que tan sólo llevaba unos bóxer azules, reímos, y le dije “eso es un problema??” “lo es?” respondió él, bajé los tirante de mi vestido y este resbalo hasta el suelo, “ahora ya no” le dije mientras extendía mi mano, ahora estábamos en igualdad de condiciones, a mi cuerpo sólo le cubría un pequeño tanga negro de encaje.
Se levantó y con dulzura me rodeo con sus brazos, su mano sujetó mi barbilla, como si quisiese observarme, por primera vez las miradas se clavaron la una en la otra, decían las malas lenguas que sus ojos daban miedo, eran solo eso, malas lenguas, tenía una mirada dura, pero si eras capaz de traspasarlas  podrías observar que era solo la consecuencia de las grietas que tenía en el alma, que detrás había una enorme dulzura, una ternura desbordante.
Apoyé mi cabeza en su pecho, me dio una mano y rodeo mi cintura con la otra, nos movíamos en un maravilloso vaivén, había un silencio absoluto en la sala pero no dentro de nosotros,  creo que nuestros pies tan siquiera tocaban el suelo, no sé cuánto tiempo pasamos bailando por la sala, si un minuto o una hora, soltó una de las manos me dio media vuelta y me abrazó con las dos manos por mi cintura, su boca se acercó a mi oído y ahora si tarareaba algo, yo no llegaba a saber que era pero a mí me sonaba a música celestial, sentí su excitación al inicio de mi espalda, me apreté contra él y entendió lo que mi cuerpo deseaba, volvió a darme la vuelta y esta vez la música se paró, note sus ojos brillar, me separé un paso para atrás, quería ver el envoltorio de esa mente maravillosa, que me hacía sentir así, tenía una piel negra y fuerte testigo de los años, de los golpes y la incomprensión, que a la vez era suave, era un hombre guapo, delgado y misterioso, me sorprendió el tamaño del bulto que asomaba por su ropa interior, aunque no sé porque me sorprendía, era mi negro de ojos azules.
Me acerqué y le besé un beso pequeño dulce, solo rozando mis labios con los suyos, como si me diese miedo que se desvaneciese entre mis dedos, me acerqué a su oído, “ ya sabe comandante el que es revolucionario puede besar donde quiera”. Sentí que se estremecía al sentir mi aliento en su oreja, agarró mi cara con sus manos y me besó profundamente como queriendo quitarme hasta la última gota de aire para alimentarse.
Le empujé hacía su mesa y antes de hacer q se sentara terminé de desnudarle. Ya no había marcha atrás, nuestras mentes estaban conectadas deseando ser una. Me senté en una silla frente a él, su postura seguía siendo la de aquel adolescente rebelde que miraba expectante lo que iba a ocurrir, se dejaba hacer, mi boca comenzó subiendo por sus piernas sin dejar ni un instante de mirarle, mi lengua recorrió el tronco de su miembro, él intentaba mantener los ojos abiertos pero no podía, mi boca fue devorando su polla lentamente y un gemido salió de la suya, entraba y salía lentamente, mi lengua vibraba en su frenillo al recorrer la corona de su glande, succionaba despacito sintiendo como terminaba de endurecerse . Tire de él hacia mí para que se pusiera justo al borde de la mesa, mi boca jugo con sus testículos mientras mi mano acariciaba su polla, y mientras mi lengua iba a jugar con su ano, mis dedos apartaron mi tanga, estaba muy excitada, mojada, moje mis dedos con mi excitación, y lentamente sustituyeron a mi lengua, primero uno, después dos, me levanté de la silla y me incliné sobre él, era el momento de abandonar esa inmensa ternura, y dejar paso a la intensidad de dos almas libres.
Mi boca y mis dedos le masturbaban, cada vez a un ritmo más intenso, su mano en mi nuca me marcaba el ritmo que deseaba, estaba tan excitada que mis gemidos se mezclaban con los suyos. Su mano me indicó que parara, se incorporó y se puso detrás de mí, me empujó haciéndome poner las manos en la mesa, bajó mi tanga de un tirón y lo hizo desparecer por debajo de mis pies, su polla se coló entre mis piernas, y en un viaje de ida y vuelta acariciaba mi sexo, sin hacerlo suyo, sus manos agarraron mis pechos haciendo que me incorporase y pegase mi cuerpo al suyo, sus caderas seguían moviéndose, produciéndome un enorme placer, mientras se empapaba de mi excitación. Sus dientes mordían mi espalda y erizaban mi piel, sus dedos apretaban de forma intensa mis pezones, su ritmo se incrementaba y el volumen de mis gemidos también, no había palabras, no era necesarias, a la música del placer en ese caso era mejor no interrumpirla, era como si, sin meterla me estuviese acariciando cada cm del interior de mi cuerpo, no era un sexo físico, era algo que jamás había vivido. No pude más agarré sus manos que tenían atrapados mis pechos, y sin poder decir nada exploté en un intensó orgasmo que pareció eterno, tuvo que sostenerme porque mis rodillas temblaban incapaces de sujetarme, me abrazó, “ey palomita, estas bien??” di un trago a la cerveza, para poder recuperar la humedad de la boca, que los gemidos se habían llevado, le mire y  “follame” fue lo único que acerté a decir.
Agarró mi mano y me sacó al jardín, extendió una manta se sentó y sin soltar mi mano me dirigió para sentarme sobre él, sentí como me iba llenando poco a poco, hasta sentirme completa, abrazados comenzamos una danza mágica, no había tambores pero yo allí bajo las estrellas los escuchaba, ellos marcaban el ritmo, el ritmo de dos cuerpos que se habían convertido en uno.
Empujé su espalda contra el suelo, y como si fuese lady godiva cabalgando a su caballo negro, me olvidé del mundo,  me abandoné al deseo, mis tetas botaban al ritmo de mis caderas, mientras la brisa acariciaba nuestras pieles desnudas, no sé si gemíamos, ni siquiera sé si seguíamos en esos cuerpos, o los habíamos abandonado para arder en el infierno, me sentía salvaje, le sentía salvaje, galopando contra el viento sintiendo la libertad, la libertad convertida en deseo, de nuevo sin percepción del tiempo.
Tras pasar todo los límites de esa enajenación que nos había abrazado, se incorporó y atrapó mis labios en el momento justo para que pudiesemos inhalar el orgasmo, y digo él porque solo fue uno, el de ambos. La locura se escapaba caliente entre mis piernas, testigo de dos locos sin medida. Así sin movernos fuimos volviendo a la tierra, regresando a nuestros cuerpos, acomodando emociones.
“voy al baño y traigo las birras vale?” le dije mientras con mi dedo recogía lo que corría en entre mis piernas y le llevaba a mi boca, no quería olvidar nunca el sabor de aquella bendita locura.
Al pasar por la sala no pude evitarlo, y mire en la máquina de escribir a ver que había escrito mientras me hacía bailar, lo que encontré fueron letras al azar asnncdnvk vnrfkjrekmfe nkrkeoirtirnvkenf keoortcvkenkvnekr msamsenflf pero terminaban con una frase: “Ahora mismo siento que esta es la mejor melodía que he compuesto, porque tengo la certeza de que va a hacernos volar. “


sábado, 30 de enero de 2016

A veces no es como esperabas

No llevaba unos buenos dias andaba de bajón y al contarselo me dijo que xq no cenabamos juntos, la verdad es q me pareció un detallazo y me hizó mucha ilusión, él sabía que necesitaba mimos, que no pasaba por mi mejor momento, que de repente me sentía muy pequeñita y que necesitba esos abrazos.

Llegué a su casa y disfrutamos de una charla y una copa de vino mientras cocinábamos, me gustaba cocinar y en las últimas ocasiones habíamos aprovechado para que le enseñase a preparar platos diferentes, la verdad es que la cena quedó exquisita.

Él y yo ya habíamos tenido diferentes encuentros sexuales, incluso otros en los q no habia pasado nada, eramos amigos, el resto era lo de menos, incluso un dia a las 6 de la mañana medio borracho me llamó diciendo que queria follarme que venia para mi casa, lo que aplacé claro está, como no sabía como se desarrollaría la noche y por si acaso darle una sorpresa metí un picardías rojo transparente en la bolsa. Pensaba en, si veía que la cosa se ponía caliente, decir q iba a ponerme cómoda y aparecer con él puesto.

Tras la cena pusimos una peli, yo me recosté sobre él para verla, pero no hubo ningun gesto de ningun tipo, de hecho el único gesto q hubo en toda la noche fueron dos intentos de abrazos mientras yo me liaba un porro, durante la película se le cerraron los ojos un par de veces, me dijo q es estaba muy cansado q había madrugado mucho.

Cuando acabó la película la pregunté si nos ibamos a dormir, me contestó que si, le insisti que si me tomaba las pastillas, a lo que volvió a asentir, yo me las tomé, y al ir hacia la habitación me dijo que él iba a jugar un rato a la consola que vendría en un rato. Yo no daba crédito, si estaba allí era xq estaba jodida, xq me sentía sola, no quería sexo sólo que me abrazasen, decidí que a veces la gente no tiene xq saber lo q necesitamos, me levante y le dije y q si hubiera sabido eso me habria ido a dormir a mi casa y me dijo q ahora venía.





Me desperté cuando sentí que alquien entraba en la cama, que hora es pregunté?? Las 5.30 contestó, yo no quería estar ahi, solo quería salir corriendo, lo unico que me preocupaba era si el efecto de las pastillas se habria ido como para poder conducir, asiq 10 min mas tarde me levante, mire el reloj y eran las 6.30, me habia mentido.

Me vestí, recogí mis cosas y me fuí, no sin antes dejarle una nota "gracias por el detalle de invitarme a cenar anoche, supongo que que me hubieras abrazado hasta que me hubiera dormido habria sido pedir demasiado, de todos modos gracias" 

Si alguna sensacion negativa se le puede sumar a la soledad es sentirla fuera de nuestro espacio de confort.....y eso fue lo que a mi me paso

A veces las cosas no son como esperamos por eso es mejor no esperar


viernes, 5 de junio de 2015

NUEVAS AVENTURAS


Estábamos quedando para el día siguiente y ella me dijo que seguramente vendría acompañada de un amigo, al preguntar de quien, se me puso una sonrisa, hacía unas semanas que le había conocido, en realidad no era la primera vez que le veía pero no habíamos intercambiado nada más que unas palabras y había pasado desapercibido, pero el último día no fue así, pasamos más tiempo juntos y fue divertido, era un hombre guapo, moreno, se veía que se cuidaba y cultivaba un aparentemente bonito cuerpo, pero lo mejor que tenía era una inmensa sonrisa, una sonrisa de pillo, que invitaba a hacer maldades.

Aunque en realidad  lo que verdaderamente le hacía atractivo era esa mezcla de vacilón y chulo, jugaba al doble sentido que era una de las cosas de las que yo más disfruto en la vida, hasta el punto de dejarme un par de veces sin palabras que replicar y hacer que me sonrojara, eso en mí no es fácil todos lo saben, así que fue en esos momentos cuando más me fije en él, se le veía seguro de sí mismo y me había tomado la medida, era como si supiese cuales eran las teclas que me hacían estremecer, me decía que no protestaría tanto cuando estuviese dándome placer agarrándome del cuello, esa forma de crear morbo siendo él quien llevaba la batuta me desmontaba y como lo sabía lo utilizaba, haciendo que mi piel se erizase y quisiese más. Pero paraba, él tenía el control y yo dudaba que fueran más que cuatro vaciles, no veía interés por su parte para tener más recorrido, asique tras masturbarme al día siguiente fantaseando con un encuentro con él, me olvide de su existencia.

Pero quizás hoy volvería a verle y como fantasear es gratis, pensaba en él mientras me metía en la bañera.


Habíamos pasado una tarde agradable, con amigos, risas y por supuesto lucha y rebeldía, cuanto más hablaba con él más atractivo me parecía, era inteligente, era divertido, era sensible, pero de repente se había vuelto más flojito, no entraba al trapo, yo iba fuerte, preparada para una batalla como la del otro día pero en esta ocasión no había contrincante, supuse que no quería seguir con el juego a pesar de que alguna puyita caía de forma inevitable, la gente se fue retirando poco a poco, hasta que quedamos cuatro tomándonos la última copa, éramos tres mujeres y él, ellas con algunas copas de más hablando de sus cosas, él terminó su copa y dijo que se marchaba y con una gran sonrisa se despidió de nosotras, yo durante la conversación le había pedido el tlf, así que a los 5 minutos de irse le puse un mensaje, "ya te vale irte y dejarme con estas que me sacan 5 copas de ventaja jajajaja", al momento respondió al mensaje "es que estabais hablando de vuestras cosas, me sentía un poco incómodo" "me he dado cuenta, sorry, podías haberlo dicho y nos habíamos tomado una copa nosotros" "aún estas a tiempo voy andando hacia casa, me paro, te espero y nos la tomamos?" No daba crédito, de verdad que no me esperaba esa respuesta, sólo le estaba vacilando, no creí que aceptaría. Me despedí de las chicas y fui a su encuentro, había elegido un bar tranquilo, con decoración étnica, entré y ahí estaba en unos puff al fondo del bar, con dos mojitos. "Yo no debería beber que tengo que coger el coche", le dije, "tranquila, si te apetece tomártelo puedes dormir en casa" pasamos un par de horas de charlas y risas, no sabía si pasaría algo más pero tenía claro que era de las personas que suman, así que fuera lo que fuere quería mantener el contacto con él.

"Tomamos la última en casa?" Yo acepté encantada, fuimos caminando entre interesantes conversaciones, que ya no eran tan profundas a causa de las copas que llevábamos encima.

Entramos en su casa, encendió una pequeña lámpara, y fue a preparar las copas, le pedí permiso para liarme un peta, y me puse a ello, puso algo de música bajita, se sentó a mi lado, me sentía bien, había confianza, yo llevaba una camiseta anudada al cuello con un escote generoso, el sujetador me molestaba así que retire la tira de arriba y la cole por debajo del canalillo, sus ojos se clavaron en él, x primera vez en toda la noche brillaban de deseo.





Mantuvo la mirada varios segundos, quería que le viese, agarró mi mandíbula con una mano y me acercó hasta su boca, cuando estaba cerca me dio un lametón, y pegó sus labios a los míos, era como si se hubiese transformado, el deseo se leía en sus ojos mientras su boca devoraba la mía, mi mano fue a tirar de su camiseta para deshacerme de ella, pero él agarró mis manos, "no te equivoques, yo mandó" yo sonreí con cara de niña mala "está bien, tu mandas", sacó mis tetas por encima de la camiseta, y su boca se dirigió hacia ellas, su lengua los golpeaba para que creciesen con su humedad y el calor de su aliento, los succionaba, sus dientes los mordían con la presión justa para hacer que se escapase un "ayss", sin que fuera doloroso.









Su mano acarició mi sexo por encima del pantalón, "pero mira como está mi zorrita, si estas cachonda ehh" "solo un poco" le contesté "levántate" dijo con voz firme, yo obedecí sin rechistar, "desnúdate pero no te quites la camiseta, me gusta como te ves con las tetas por encima", cuando terminé agarró mis hombros y me arrodilló frente a él, se quitó la camiseta y mientras me sonreía con una sonrisa perversa desató los botones de su vaquero y sacó su polla, instintivamente mi lengua recorrió mis labios, era gruesa, morena, y estaba erecta, la acercó a mi cara y fui a su encuentro con mi lengua, él se apartó y dio un suave cachete en mi cara, "he dicho que será cuando yo diga", " es verdad, lo siento", volvió a acercar su polla a mi cara, y la acariciaba con ella, yo quería meterla en mi boca pero no iba a volver a caer en la tentación, mi deseo aumentaba y mi respiración con él, el juego me ponía muy cachonda. Su polla bajo desde mi mejilla y esta vez sí se abrió paso en mi boca, que ansiosa la daba la bienvenida, su mano acariciaba mi nuca, intenté metérmela hasta el fondo, un gemido salió de su boca, mi lengua empezó a juguetear con ella mientras sus pantalones caían hasta el suelo, mi mano rodeo su polla y acompañaba a mi boca al penetrarse. "Veo que te gusta zorra, asique tendrás q esperar, agarró mi pelo para q me levantará, apretó mi cuello y me besó, me besó mientras me dirigía a la sala contigua y me echó sobre la cama, se hizo el silencio y de repente sonó un plass, su mano había impactado en mi culo, levántalo, le hice caso y puse mi culo en pompa,  su mano agarró mi pelo,  y giro mi cabeza frente a un espejo, “ quiero que mires como te follo”, su voz me excita sonada dura, grave, paseó su polla por mi raja para lubricarla, y de golpe me la metió hasta el fondo, bombea a la vez q seguía palmeando mis cachetes, que debían de estar rojos, porque sentía como picaban, me quejé y tiró más de mi pelo, “no rechistes” sus manos agarraron mis tetas apretándolas, mientras me penetraba duramente, sus huevos golpeaban mi culo haciendo ruido, un ruido que se mezclaba con mi gemidos.




Paró y me hizo tumbarme boca arriba, se colocó de rodillas entre mis piernas y empezó a penetrarme con dureza, una mano apretó mi cuello mientras la otra sujetaba en alto una de mis piernas,  mis manos agarraban su mano como intentando estar preparadas por si se paraba en su presión, su boca y sus ojos mirándome emanaban lujuria. Me dolía el pezón sabía que al día siguiente tendría un moratón que me recordaría esa noche. Su polla entraba y salía de un coño empapado que se contraía para presionarla como queriendo que no se fuera, mi respiración se aceleró, y mi cuerpo se tensó, me estaba corriendo como un perra mientras él seguía dándome duro, cuando acabé de retorcerme de placer sus dedos entraron en mi boca, de repente paró me hizo arrodillar en el suelo y agarrando mi cabeza la dirigió hasta su polla, estaba empapada, acababa de hacerme tocar el cielo asique se merecía todas las atenciones, estaba muy dura, y mi boca la masturbaba duramente, su mano apretó mi nuca hasta que la sentí en la garganta, dando inevitablemente una arcada, seguí masturbándola acompasándola con mi mano, su cuerpo te tensó, se paró la polla de mi boca y me pidió que la abriera. Su leche caliente bañó mi boca, mi pecho y salpicó mi cara.





Se acercó y lamió las gotas que tenía en mis mejillas, yo había tragado lo que me había caído en la boca, se acercó al baño trajo papel con el q me limpió y  una crema hidratante, me tumbó en la cama y puso un poco en mis nalgas, la crema estaba fría, algo que se agradecía por el calor de emana de ellas, sus manos lentamente la extendieron, mientras sus labios apresaban los míos.

El teléfono sonó sacándome de mi ensimismamiento, tenía los dedos arrugados, no se cuánto rato llevaba en la bañera, pero el viaje fue tan maravillosa que odié a quien fuere quien había llamado. Lo que estaba claro era que iba a llegar tarde, que le vería y que quien sabe si un día escribiría algo real.

lunes, 9 de febrero de 2015

EL VERDADERO DUEÑO DE MI DESEO

Es la primera vez que lo que publico no es un relato, se trata tan sólo de una gota de deseo, de cariño, de gratitud, es sólo un pequeño regalo en un día especial para:


EL VERDADERO DUEÑO DE MI DESEO

Nuestros cuerpos son como imanes que con inevitable fuerza se atraen,
no importa que llueva o truene, magnetismo es lo que hay.
Tu boca llama a mi boca y la priva de voluntad
la pasión y la lujuria bailan a nuestro alrededor
cada cm de mi piel se vuelve esclava de tus deseos
y mi sexo arde esperando tus caricias y atenciones
tu polla me hace tuya con saña pero también con un cariño
que consigue que esa mezcla nos lleve hasta el paraíso.
mientras tu mano firme y dulce domina el aire que entra en mis pulmones
y tu boca susurra palabras en mi oído que convierten a esta fiera en domable.
Cometimos un error, que nuestros cuerpos se conociesen tan intensamente,
que no nos necesiten para desearse a cada instante.
Se puede ser puta y princesa al mismo tiempo me preguntaba??
yo contesto que sin duda, puta al darte mi cuerpo y princesa al darte mi alma.

Se que es maravilloso pero a veces siento miedo porque pase lo que pase sigues siendo el verdadero dueño de mi deseo


domingo, 30 de noviembre de 2014

CALMANDO SED

Normalmente cuando nos veíamos nos distanciábamos un poco, habíamos saciado la sed del otro que teníamos,y pasaba un tiempo hasta que la sed volvía y esa distancia de nuevo se hacía pequeña, pero esta vez no fue así, apenas acababa de irse y ya volvía a desear que me hiciera suya.

La última vez hubo mucha pasión, mucho deseo, pero también hubo mucha conversación, muchas risas y mucha complicidad, llevaba mucho tiempo siendo mi mejor amante pero poco a poco a eso debíamos sumarle que nos estábamos convirtiendo en buenos amigos. Pero no había sido suficiente para calmar las ganas del otro que al menos yo tenía y al parecer la suya tampoco, era media tarde y recibí un mensaje "sigo con ganas de vos", era inevitable no sonreír al leerlo, solo él conseguía que mi cuerpo tuviese vida propia sólo con dos palabras, "mañana puedo escaparme, dime que tu también puedes" me dijo y yo por supuesto que podría y sino haría que así fuese.

Le recogí en el trabajo, subió al coche con su gran sonrisa, su boca me volvía loca, era verla y no poder evitar abalanzarme sobre esos labios, me besó a modo de saludo, no no le dije agarrándole del jersey y acercándole a mi, nuestros cuerpos se conocían y se gustaban, nuestras bocas se entrelazaron y mi mano acarició su polla por encima del pantalón, se retiró y me dijo " vienes traviesa no??" "sólo un poco", su polla iba creciendo, y la excitación de ambos con ella. El trayecto fue entre besos y mordiscos en los semáforos, caricias que no dejaban que su polla perdiera ni un ápice de su dureza. Y aunque se nos hizo eterno por fin llegamos a casa.


Abrimos la puerta y dejamos de contenernos, me empujó contra la pared, estábamos muy calientes, nuestras bocas se devoraban mientras nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, las camisetas desaparecieron, sus manos sacaron mis tetas del sujetador, agarraron una de ellas y la dirigió hacia su boca, succionaba mi pezón que iba creciendo entre sus labios, y me lo ofrecía para que le acompañase, nuestras lenguas jugaban entre ellas con ese botón duro entre ellas. Poco a poco íbamos subiendo las escaleras, era como una batalla entre ambos cuerpos, llegamos al salón, me abrazó por detrás mientras jugaba con mis tetas y su boca se apoderaba de mi cuello. "voy a hacerte mía" me dijo al oído. me inclinó sobre el reposabrazos del sofá, subió mi falda, bajo las medias y sin mediar palabra la metió hasta el fondo de una embestida, un gemido de placer se escapó de mis labios, sus manos apretaban mis caderas, y golpeaban mis nalgas, yo miraba a la tele, estaba apagada y nos reflejábamos en ella, me gustaba vernos, observar como entraba y salía de mi, me gustaba ver como mis tetas se balanceaban al ritmo de sus caderas.




Nos volvíamos salvajes, perdíamos el raciocinio, éramos dos animas atrapados entre sus instintos, entregados al placer del otro, el mundo se paraba solo existían nuestros deseos y nuestras sensaciones.

Me agarró de los brazos me levantó y sin sacarla de dentro de mi me acercó al sofá me tumbó boca a bajo y continuó penetrándome, estaba tumbado sobre mí, con sus manos a ambos lados de mi cabeza, sus dientes mordían mi nuca, besaban mi cuello, se acercaban a mi oído donde no paraban de hablar, muchas cosas no las entendía pero no importaba porque de igual modo me volvían loco, me abrazó incrementó el ritmo, y apretándome contra él, hizo que ambos nos corriésemos al unísono, que explotásemos como si fuésemos uno. Ahogamos los gemidos en nuestras bocas, quedando acurrucados en el sofá sin aliento, con nuestros cuerpos casi inertes que aún se sacudían en algún espasmo.


Era increíble, nuestros cuerpos disfrutaban más allá de lo que nosotros podíamos controlar y nos esperaba una tarde llena de descontrol y sin limitaciones, pero también de risas y confidencias. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

UNA TARDE DE VERANO

Era una tarde de verano, el día anterior habíamos hablado de vernos, y a ambos nos venía bien, hacía tiempo que nos conocíamos virtualmente, y algo menos que nos conocíamos personalmente, pero siempre habíamos coincidido con más gente, nos caíamos bien y porque no quedar una tarde para tomar algo, él día que le conocí me sorprendió, era bastante más guapo en persona que en las fotografías que había visto de él, moreno, ojos grandes, y una bonita sonrisa, pero tenía pareja y eso para mi era algo tabú.

Hacía mucho calor, así que elegí un vestido hippie fresquito que me había comprado unos días antes y que aún no había estrenado, cuando iba a salir de casa me vi en el espejo, quizás tenía demasiado escote, eran dos tiras que tapaban el pecho y que se anudaban en el cuello, sin duda dejaban entrever un buen canalillo, quizás era excesivo para tomar un café con un amigo, pero si me cambiaba llegaría tarde así que me dio un poco igual.

Le recogí en su casa y fuimos a una terraza a tomar algo, era muy pronto no había nadie, teníamos el bar para nosotros solos, el sol se colaba entre las sombrillas, hicimos una apuesta el decía que el sol llegaría al canalillo, yo decía que según giraba el sol no lo haría, y perdí. Supongo que era sólo una excusa para poder mirar sin parecer descarado, era como si nos conociésemos de siempre, hablamos de política, de nuestras vidas, de la familia, y me contó que su matrimonio no funcionaba, estaban a punto de separarse, la cerveza  se convirtió en mojitos y la noche nos cogió allí sentados entre risas, vaciles, y batallitas, ya era de noche así que porque no cenar, ya era casi media noche y al día siguiente había que trabajar, así que le convencí para que me dejase pagar, así me aseguraba que volviésemos a vernos.

Mientras le llevaba a su casa, le miraba, era un tío interesante, guapo, inteligente y muy divertido, llegamos a su casa, paré en la puerta, "bueno se te acabó el billete" Eso parece" nos acercamos para despedirnos, un beso fue a la mejilla, el otro a la comisura de la boca, ambos nos quedamos inmóviles por un instante, no, no aún sigue casado me dije, él debió de pensar lo mismo porque abrió la puerta y bajó del coche.

El semáforo estaba en rojo, así que me quedé mirando como se alejaba, al ponerse en rojo le adelante y bajando la ventanilla le dije " ves por el sol eh" me miro y se carcajeó, " te apetece tomar la penúltima??" sonreí, me encantaba la idea, "a la penúltima nunca se le dice que no", aparqué y fuimos a un bar que estaba al doblar la calle. Tras un par de copas con mucho disimulo nos echaron del bar, era hora de cerrar, ya daban las dos, y ambos andábamos algo pasados de alcohol en dirección al coche, "yo así no puedo conducir", él se río, me agarró la mano y cambió el rumbo hacia un descampado que había al otro lado de la carretera, cruzamos corriendo mientras reímos, al llegar al descampado se dirigió hacia un camión al llegar me apoyó contra la puerta, nos miramos y x primera vez en mucho rato dejamos de reír, se produjo la misma pausa que en el semáforo cuando se bajó del coche, con una diferencia esta vez ninguno se fue, nos miramos a los ojos, mi corazón aumentó el ritmo y lentamente me acerqué hasta sus labios, sus labios eran gorditos, carnosos, mis labios los atraparon, mi lengua los recorrió, su boca se entreabrió dejando paso a mi lengua que se envolvió con la suya, se presentaron se conocieron y se gustaron, comenzaron un lento baile que unos segundos más tarde se tornó en hardcore, nuestras bocas se devoraban mientras sus manos me apretaban contra él.

Escuchamos gente hablar, yo comencé a reír, me tapó la boca con su mano.... shhhhh, sacó unas llaves de su bolsillo y abrió el camión, haciendo una reverencia como si fuera una princesa me invito a subir, no sin que yo agarrara el vestido y le diera las gracias haciendo una genuflexión, subí y me quedé alucinada, siempre había pensado en un camión como un habitáculo con dos asientos  sucio y con calendarios porno, pero me encontré una habitación, limpia, con una cama, una mesita y que tenía suficiente altura para permanecer de pie, después del impacto y de sus risas por ello, me senté sobre la cama, él se arrodilló frente a mí, sus manos agarraron mis mejillas y me besaron, desaparecieron las sonrisas, y dieron paso a unas miradas que denotaban deseo, deshizo el nudo del cuello y dejó caer las tiras dejando mis pechos al descubierto, los miró y después me miró a los ojos, puffff fue lo único que atinó a decir antes de acercar su boca a uno de ellos, su lengua los recorrió haciendo que un gemido se escapara de mi boca,  los lamía, los succionaba, los mordía, su lengua vibraba sobre ellos haciéndome estremecer, la temperatura iba subiendo por momentos, mis manos tiraron de su camiseta, mientras sus manos se colaban por debajo del vestido, acariciando la tela de mi tanga que comenzaba a estar húmeda, al mismo tiempo mis manos se deshacían de su vaquero, dejando ver unos bóxer negros.

Sus dedos apartaron la tela acariciando mi coñito, suave, recién rasurado, mi mano acariciaba su ropa por encima de la tela mientras nuestras lenguas jugaban traviesas, su polla estaba dura, tenía un tamaño normal, y según la acariciaba crecía hasta su máximo esplendor. Se puso de pie y mis manos bajaron e hicieron desaparecer sus bóxer, su polla saltó como un resorte quedando a la altura de mi cara, lucía bonita, en aquella penumbra podía ver salir una gota, mi lengua se acercó a recogerla, al tocarla él se estremeció, mi lengua recorrió su tronco sin dejar de mirarle, la metí en mi boca, mi lengua jugaba con ella, entreteniéndose en su prepucio, su mano se posó en mi nuca, y comenzó a instaurar el ritmo, yo acompasaba esos movimientos con mi mano, apretando su polla mientras mi boca le continuaba, su cabeza caía levemente hacia atrás, mientras sus ojos se entrecerraban, me apartó y me levantó,  se recostó sobre la cama poniéndose boca arriba e invitándome a subirme sobre él, mi coño quedó a la altura de su cara, sus manos apretaron mi cuerpo contra su cara, su lengua comenzó a masturbarme, y la mía le correspondía sobre su sexo, mi mano apretaba su polla a la vez que mi boca se penetraba cada vez más rápido, dos de sus dedos me penetraban, éramos silenciosos, los gemidos eran ahogados, toda la cabina olía a sexo y a lujuria, sus dedos entraban y salían frenéticamente mientras su boca se afanaba a succionar mi clítoris y a vibrar sobre él, yo tuve q parar no podía continuar, me faltaba el aire, mi espalda se tensó, él no paró y yo exploté en un intenso orgasmo, tras recuperar el aire me aparté de encima de él.

"quiero follarte" fue lo siguiente que dijo, me quitó el vestido y me tumbé sobre la cama, puso una rodilla sobre la cama puso una de mis piernas sobre su hombro y sin mediar palabra me penetró, mi gemido le hizo saber que todo estaba bien y comenzó a penetrarme duro, profundo, sus manos apretaban mis tetas, me hacía daño, pero estábamos tan cachondos que era placentero, tras unos minutos así se arrodillo sobre la cama ente mis piernas, volvió a entrar dentro de mi, sus manos se apoyaban cerca de mi cuello, salía del todo y entraba, cada vez mes rápido, embistiéndome con fuerza, mis piernas rodearon su cadera apretándole contra mi, mis manos rodearon su espalda, nuestras bocas se buscan con desesperación, su espalda estaba húmeda, sudaba, efectos de tanto alcohol y tanto placer, nuestras respiraciones eran entrecortadas, cambió el ritmo, movimientos cortos, rápidos, mis uñas se aferraban a él, arañaban su espalda, "sigue, vamos quiero que me des todo tu placer" esas palabras hicieron que nos desbocásemos aún más, éramos dos fieras entregadas al instinto, al placer, su respiración cesó, y con una penetración profunda se corrió, sentí como su polla se derramaba dentro de mi, como su orgasmo se fundía conmigo.

Se quedó inmóvil sobre mi, recuperando el aliento, mis piernas lo mantenían atrapado, me besó dulcemente, mientras su polla iba perdiendo rigidez, estábamos rendidos, se retiró de mi se puso los bóxer y el vaquero y bajo a echar un pis.

La luz me hizo abrir los ojos, estaba hecha polvo, miré a mi alrededor para ver donde estaba, debí de haberme quedado dormida cuando bajó del camión, él dormía en el asiento del conductor que había reclinado, dormía como un bebé su camiseta le arropaba como si fuera una manta, eran las 6,15 sabía que madrugaba pero no tenía ni idea de a que hora entraba a trabajar, me vestí, y le besé en los labios, peque despierta, a ver si vas a llegar tarde, le costó abrir los ojos, miro el reloj y se puso en pie, "nos da tiempo a un café antes de salir pitando, me invitas a desayunar" "eso está hecho caballero andiamo??" bajamos del camión, un señor arrancaba un coche aparcado en el descampado, nos miró con caras raras, reímos "estamos más locos".

No hay mejor forma de terminar una noche o de empezar una mañana que con un café y una tostada.




miércoles, 21 de mayo de 2014

ME PERDONAS????

Hacía varios meses que no nos veíamos, el destino jugueteaba con nosotros y siempre pasaba algo, incluso una de las veces me molestó que no pudiera ser, y mi impulsividad me jugo una mala pasada, pero ya me conocía y por suerte nunca tomaba mis prontos en cuenta, le prometí que le compensaría cuando nos encontrásemos.

Cuando pasábamos tiempo sin vernos, cada día aumentaban las ganas de hacerlo, y se hacían más frecuentes los mensajes en los que nos acordábamos del otro y fantaseábamos.

Hasta que ya las ganas no podía crecer más, y quedamos en vernos unos días más tarde.

Le recogí en su trabajo, y mientras llegábamos para casa íbamos manteniendo conversaciones amenas, a las que ninguno de los dos prestábamos mucha atención, era vernos y desearnos, todo lo demás daba igual. Llegamos a casa y a pesar de haber cogido un par de cervezas, no nos dio tiempo a abrirlas, nuestros cuerpos sólo pensaban en poseerse...

Tras una tarde de sexo y de risas, nos pusimos a ver el fútbol juntos, era una relación genial porque había un deseo brutal, y cuando el deseo se tomaba un descanso éramos buenos amigos. Fueron cayendo más y más cervezas, y algún que otro canuto...ya habíamos descansado y mientras veíamos la segunda parte nuestras manos jugueteaban, sin pasar más allá de ese juego, yo tenía una sorpresa guardada e iba a esperar el momento adecuado para seguir, cuando faltaban 10 minutos para que el fútbol acabase me levanté, me acerqué a su oído y le dije, subo a la habitación, te espero allí sube cuando acabe el fútbol, pero... intentó decir él, shhhhh, besé sus labios y me subí, a la mitad de la escalera le miré y le dije líate uno y súbetelo.

Arriba yo lo había dejado todo preparado, saqué unas velas del cajón, las repartí por la habitación y las encendí, encendí un incienso,   me hice dos coletas que anude con dos pompones rosas, había dejado la ropa preparada, un body de encaje rosa con corazones, una corbata roja, unos calcetines blancos por encima de la rodilla, zapatos de tacón rojo y una falda de colegiala que yo misma me había tejido para la ocasión y que tan solo se ataba con un velcro.

Dispuse sobre el baúl todos los juguetes, esposas, pañuelo, una pequeña fusta, varios vibradores, y una caja de condones. Maquille mis ojos en negro, pinté mis labios de rojo,y puso un poco de colorete en mis pómulos, aunque tras las cervezas ya estaba algo sonrojada, me miré al espejo, dos velas lo alumbraban, me gustaba lo que veía, me acariciaba mientras sonreía, sabía que le iba a encantar, me excitaba el juego, me puse perfume mientras escuchaba el pitido del final del partido, mi corazón se aceleró, "puedo subir?? "gritó desde abajo, "sí, claro te espero aquí", me acerqué a la mesilla y le di al play a la lista que tenía seleccionada

https://www.youtube.com/watch?v=sFb3WlnCOxM

Apagué la luz de la escalera y le esperé en el centro de la habitación jugueteando con la corbata, apareció entre la penumbra, lo primero que vi fue su sonrisa y sus ojos muy abiertos, conocía esa sonrisa de excitación la había visto muchas veces, dejó el cenicero y el peta sobre un mueble, y se acercó a mi, yo le esperaba con cara de traviesa, las velas hacían formas en las paredes, como si bailasen al son de la música, y fue como si nos contagiasen, agarró mi cara con sus manos y me besó, mientras me susurraba un mmmmm cerca de mi boca, nos besábamos lentamente, nos movíamos por la habitación al ritmo de las notas, mis manos hicieron desaparecer lentamente su camiseta, mientras sus manos se colaban bajo la falda y me apretaban contra él, era una danza lenta sensual, nuestras manos acariciaban nuestros cuerpos, mientras las lenguas jugaban sobre la piel, subiendo por el cuello, bajando por el pecho, enredándose en los pezones, se podía oler la excitación en toda la sala, nuestras mentes iban más allá pero nuestros cuerpos habían decidido seguir disfrutando de ese momento.

Poco a poco, sin separarnos llegamos hasta la cama, se deshizo de los pantalones, se tumbó a los pies de la cama cerca del espejo, y estiró su mano para que fuera con él "ven aquí, chúpamela y mira como lo haces", debo reconocer que esas palabras me excitaron, me acerqué subí a la cama y me puse a su lado de rodillas, me puse frente al espejo y nuestras miradas se encontraron en él, sin dejar de mirar me acerqué para meterla en mi boca, sus ojos se entrecerraron, estaba muy excitado, la metí profundamente, hasta sentirla en mi garganta, miré al espejo, me gustaba lo que veía, sus manos jugueteaban por encima del encaje rosa, haciendo que poco a poco se humedeciera, sus dedos lo apartaban y me acariciaba, mientras mi mano masturbaba acompañado de mi boca, sabía perfectamente lo que le gustaba, y simplemente se lo daba, succionaba con firmeza la punta mientras mi mano giraba en la base de su polla, me retiré y le miré puse saliva en uno de mis dedos y comencé a acariciar su ano, repetí la operación un par e veces y mientras le penetraba con mi dedo índice, introduje su polla en mi boca, sus dedos me penetraban al mismo ritmo, ritmo que marcaba con su mano en mi nuca, de repente me paró, me agarró y me hizo subir hasta su cara, me besó firme pero con mucha ternura, dio un lametazo por todo mi cuerpo hasta llegar a mi oreja "quiero follarte" me dijo al oído.

Me tumbó, se puso un condón, se colocó entre mis tiernas, y tras besarme me penetró, sus manos estaban a ambos lados de mi cuerpo, movía sus caderas, acariciando cada rincón de mi vagina, sabía que eso me ponía a mil, mis piernas rodearon sus caderas, símbolo inequívoco de que quería más.

La penetración cada vez era más profunda y más dura, el sonido del cabecero al golpear contra la pared se apoderaba con la estancia y se fundía con mis gritos, sus ojos inspiraban lujuria, sus dientes mordían sus labios, como si tuviera que controlar su fuerza, su mano agarro mi mejillas, su voz firme y excitada me pregunto, "dime quieres ser mi puta??dime", "creí que ya lo era" contesté, sonrió al escuchar lo que quería oír, y comenzó a penetrarme salvajemente, su mano agarró mi cuello, y giro mi cara hacia el espejo, su mano hacía un poco de presión, una presión que me excitaba enormemente, le veía reflejado, veía como me penetraba, como su culo desnudo empujaba pareciendo que intentaba vengarse de mi,  sus manos agarraron mi pelo pegando su boca a la mía, mi mano agarraba el suyo mientras las uñas de la otra se clavaban en su espalda, ahogábamos los gemidos en la boca del otro, nuestros labios se atraparon, se mordieron para ahogar un grito producido por esa ola de placer que nos permitió compartir espasmos, nuestros cuerpos eran uno, y se sacudía salvajemente, entre gemidos, y gotas de sudor.

Los gemidos dieron paso a las sonrisas, los mordiscos a los besos, y así poco a poco y sin separarnos ni un centímetro fuimos recuperando el aliento, me encanta sentir como su polla va perdiendo firmeza y se deja abrazar por mi vagina.

Allí tumbados abrazos, fumando, mirando las estrellas por el ventanal, en la penumbra que nos otorgaban las velas, y mientras fumábamos "¿Bueno me has perdonado ya?",él se incorporó miró todos los juguetes que había encima y respondió "pichipicha", reímos mientras me abrazaba,  aún nos quedaba mucha noche por delante.


sábado, 25 de enero de 2014

Dulce Encuentro

Le había prometido que la próxima vez que nos viésemos le prepararía una sorpresa, faltaba media hora para recogerle en la estación, así que empecé a preparar la estancia, coloqué cuidadosamente papel de periódico arrugado dentro de la chimenea, sobre él unos sarmientos finitos, y alrededor haciendo una pirámide los troncos más gordos, me encantaba el ritual, casí tanto como el de hacerse un peta, ambos terminan acercando la llama del mechero, encendí una piña y la coloqué debajo al lado del papel, era un placer observar como se iba expandiendo por el fuego y las ramas gritaban al sentir su calor, en un par de minutos todo ardía con intensidad, cerré el tiro para que no se consumiese demasiado rápido, estiré un par de mantas en el suelo, (el suelo es demasiado frío) una toalla sobre ellas, y varias velas rodeando la habitación.




Cuando llegué ya estaba esperándome, subió al coche y me dio un beso profundo, siempre teníamos ganas de vernos pero encontrar un rato no era fácil, eso si cuando lo encontrábamos se paraba el tiempo.
Enseguida llegamos a casa, se sorprendió al entrar y ver lo que le esperaba, me abrazó y me besó, "eres una caja de sorpresas, me apetece mucho, me encanta el fuego," Cogí un par de cervezas de la nevera, nos quitamos los zapatos y nos sentamos sobre las mantas, nos liamos un peta, mientras nos tomábamos las cervezas, nos quedábamos absortos mirando el fuego mientras nos acariciábamos y jugábamos con el humo. Entre risas y caricias nos fuimos desnudando, las lenguas comenzaron a juguetear, nos besábamos de forma divertida, jugando a no dejarnos, nos deseábamos, pero ambos queríamos dilatar el momento.

"bueno y ese masaje para cuando??" me dijo, me aparté y se tumbó bocabajo, puse aceite de fresa en mis manos, y dejé gotear a lo largo de toda su espalda, mis manos comenzaron a acariciarla, primero extendiendo el aceite a lo largo de toda ella, mis pulgares trazaban círculos sobre su piel desde la columna hacia afuera, masajeaban sus omoplatos y subían firmemente por sus cervicales, ayudándolo a que espalda se fuese destensando, mis manos acariciaban suavemente su espalda, sus caderas, jugaban sobre su coxis. Música  relajante sonaba de fondo lo que ayudaba a crear un clima cálido.





Sin dejar de acariciarle cambié de posición entreabrí sus piernas y me coloqué entre ellas, puse aceite en mis manos y empecé a masajear sus pies, primero extendiendo el aceite, después presionando las plantas, acariciando los dedos, y jugando con los ritmos mientras subía hacia sus muslos. Dejé caer más aceite sobre sus glúteos, lo extendí, masajeaba sus muslos, y mis pulgares acariciaban sus testículos de refilón, masajeaba con firmeza sus glúteos, y rozaban su ano y su perineo, sus piernas se contraían, lo que hacía pensar que comenzaba a excitarse.

Le pedí que se diera la vuelta, me coloqué detrás de su cabeza puse aceite sobre mis manos y comencé a masajear su frente, sus sienes, deslizaba las yemas de mis dedos por su cuero cabelludo, mis manos se deslizaban por su cuello, podía observar como su polla estaba cada vez más erecta, estaba relajado, mi dedos jugaban con su cuello y su mandíbula, de ahí pasaron a su pecho, jugando con sus pezones, él abría los ojos, observando mis pechos cerca de su cara, sus manos intentaron tocarlas pero no se lo permití, mis manos bajaban hasta sus caderas y subían bordeando su polla que ya estaba erecta, pero si llegar a tocarla, para subir por su ombligo.

Me coloqué entre sus piernas, dejé caer aceite sobre su sexo, mis manos masajeaban sus ingles, acariciando sus testículos, puse aceite sobre mis pechos, y mis manos subían por su torso mientras mis tetas acariciaban su miembro, un gemido se escapó de sus labios, y mi lengua lo recogió de un lametón, mi lengua dibujó los tatuajes que dibujaban su torso.

Una de mis manos tomó su polla esparciendo bien el aceite, mientras mi otra mano jugaba con sus testículos, la masajeaba lentamente, jugaba con su punta, mis manos pintaban diferentes movimientos. Unos con más intensidad, otros con más velocidad. Los gemidos ya no eran disimulados, se incorporó, acercó su boca a la mía, y me beso mientras me abrazaba, puso mis piernas a los lados de la suya, y muy despacio dirigió su polla hacia mi, nuestras pelvis se unieron y fundidos en un abrazo comenzamos a bailar al unísono, nuestras bocas se devoraban, su boca apretaba mi cuello, mientras mis manos se aferraban a su espalda.

El sol iluminaba nuestras caras, mis dientes se aferraban a su labio inferior, de un movimiento me tumbo en el suelo, sin sacarla y comenzó a embestirme con fuerza, besaba mi cara, mientras yo mordía uno de sus dedos,  el ritmo se iba acelerando, estábamos muy calientes, mis piernas rodearon su cintura, los cuerpos se pegaron, las bocas se unieron y siendo uno, estallamos en una llamarada de placer, mientras ambos orgasmos morían en nuestras bocas, nos bebimos los gemidos, nos comimos las sonrisas y abrazamos pasamos un rato observando el fuego, charlando cobre que preferíamos ir al infierno que al infierno, porque preferíamos la ropa negra y roja antes que los tonos pasteles.



Y entre risas abrí una botella de vino y mientras nos tomábamos la primera copa brindábamos por todas las noches que nos quedaban por disfrutar, era hora de cenar y coger fuerzas, teníamos toda la noche por delante....